Malecón de Tajamar

Entre la legalidad, la ambición, la ética, y la responsabilidad por hacer de este mundo un lugar sostenible

Por: Homero de la Garza Tamez

Bastante se ha escrito en los días recientes sobre el Malecón Tajamar….

  • Que si se autorizó “con todas la de la ley” desde el año 2005
  • Que si la adición al artículo 60 TER de la Ley General de Vida Silvestre se publicó el 1° de febrero de 2007 en el Diario Oficial, y por lo tanto posterior a la autorización del proyecto.
  • Que si la importancia ambiental que tienen los manglares, que por cierto es extraordinaria.
  • Que si se ha perdido el 65% del manglar en nuestro país, y que actualmente se pierde el 2.5% anual, por lo que al año 2025 habremos perdido al menos el 50% de lo que se tenía al año 2000, estimado en 770,000 hectáreas.

Sin duda nuestro planeta se encuentra ante una complejidad de circunstancias que nos demandan equilibrar el desarrollo económico con el equilibrio ambiental, esto es, lograr un desarrollo sostenible.

No pretendo envolverme en la bandera ecologista, y mucho menos en justificar daños ambientales en pro de un desarrollo económico. Tengo el deseo de precisar algunas reflexiones, sobre el caso Tajamar, y sobre la protección del manglar.

En primer lugar, un proyecto que afecta el manglar 9 años después de que se determinó protegerlo legalmente (de 2007 al 2016), evidencia una falta de interés, de ética, y de compromiso social por parte de los inversionistas.

Hubo tiempo suficiente para redefinir el proyecto y minimizar los daños, pero lo que rigió fue la prepotencia de los inversionistas. ¿Qué actuaron legalmente? Aceptemos ese hecho, de acuerdo a lo que SEMARNATFONATUR expresan. Lo cierto es que le valió un comino el daño que sabían habrían de provocar. O si hubo un rediseño del proyecto en esos 9 años de lapso entre 2007 y 2016, sería bueno que lo expliquen, para saber que se hizo ese esfuerzo que tenemos obligación de hacer cada día para equilibrar el desarrollo económico con la preservación ambiental, y aportar nuestra parte para motivar un desarrollo sostenible.

Pero hay otro dato que es sumamente alarmante, y que debemos voltear a ver, pues sin minimizar de ningún manera las 57 hectáreas que se perdieron en Tajamar, el 2.5% anual que dice el Instituto Nacional de Ecología se pierden de manglar cada año, significan, si mi calculadora Casio no falla, 19,250 hectáreas perdidas cada año, provocado por otros proyectos turísticos, por tala para ampliar la frontera agrícola y ganadera, por la construcción de granjas camaronícolas, por el requerimiento de hacer leña, etcétera.

Entonces nos encontramos frente a una depredación mayúscula y altamente nociva, ante la que por lo visto no estamos teniendo ni la conciencia ni la cultura ciudadana, como tampoco la capacidad institucional para frenar esta depredación. Tajamar podemos tomarlo como un muy mal ejemplo de ambiciones y falta de compromiso con el medio ambiente; pero por otra parte, la reserva mexicana de 770 mil hectáreas existentes de manglares es un gran reto que Tajamar nos ha permitido a muchos poner en el radar. Que las cosas desagradables sirvan para mejorar.

Así sea.

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