Estrategia para mejorar la seguridad pública

Hay dos temas que encuentran eco en la preocupación nacional: la inseguridad y la impunidad, que a su vez están íntimamente vinculados con la corrupción, la ineficiencia de los cuerpos policiales y la falta de estrategias gubernamentales que involucren a la sociedad en la prevención de ilícitos o conductas antisociales.

La delincuencia común ha crecido al amparo de la delincuencia organizada y, paradójicamente, en esa proporción ha disminuido el número de elementos policiales, por falta de aprobación de exámenes de control de confianza, por amenazas de delincuentes o por bajos salarios, sin que las autoridades hayan podido reemplazar a los elementos de forma inmediata, lo que repercute en la falta de resultados favorables a la sociedad.

Aparejado con esto la detención o eliminación de algunos líderes de grupos de delincuencia organizada ha propiciado la aparición de lugartenientes que al tratar de apoderarse del mando se han vuelto más radicales y violentos;las autoridades acaban con jefes de grupos dedicados al narcotráfico dejando libre al resto de la banda, lo que la vuelve más peligrosa, pues teniendo armas, vehículos, casas de seguridad y recursos económicos, voltean la vista a la gente más indefensa, cambiando su vocación original hacia los delitos del fuero común. Hay que reconocer que algunas acciones de las fuerzas armadas ha frenado un poco la actividad abierta de estos grupos, pero es notorio que no la han controlado ni han evitado daños colaterales contra la sociedad civil.

El clima de inseguridad que se vive en algunos lugares genera inestabilidad económica, fuga de capitales y éxodos familiares que buscan en otras ciudades o países la tranquilidad que les ha sido arrebatada. Estos hechos que hoy no se aprecian en su justa dimensión tendrán efectos importantes en el mediano plazo; los capitales que se retiran dejan de producir y provocan disminución de riqueza y fuentes de trabajo, por dar solo un ejemplo de consecuencias negativas a corto plazo.

La delincuencia organizada campea por gran parte del territorio nacional y evidencia la falta de preparación táctica y estratégica de las autoridades policiales, poniendo en riesgo permanente a la población; la delincuencia común se apodera de las zonas urbanas y hace víctimas, particularmente, a mujeres y jóvenes, exigiendo pago de protección, robando o secuestrando.

La falta de seguimiento a las declaraciones patrimoniales o a los estudios socioeconómicos que se realizan para incorporar a nuevos elementos facilita a quien opera con o para la delincuencia la utilización descarada de los recursos económicos que ilícitamente obtiene, los que protege pactando con otros policías deshonestos y pagando para recibir protección y aviso oportuno para evitar su captura.

Esta es la historia de nuestros cuerpos policíacos desde hace décadas sin que haya cambios importantes; seguimos teniendo muchos elementos impreparados que abusan del precario poder que detentan y aprovechan cualquier oportunidad para enriquecerse, dándole la espalda a la sociedad, y en tanto la policía sigue igual, la delincuencia evoluciona y mejora su modus operandi, contando con la facilidad de reclutar personal, adquirir armas y conocimientos sin restricción alguna; esas diferencias permiten apreciar porqué en la actualidad las bandas de delincuentes obtienen mejores resultados que la policía. El número de delitos aumenta y el número de detenciones y sentencias condenatorias disminuye.

Tiene que darse un cambio drástico en los cuerpos policíacos que revolucione su actuación y arroje mejores resultados tanto en la prevención como en la investigación del delito, perono podemos aspirar a tener mejores policías si se mantiene a quienes han contribuido a la situación actual. El sistema de seguridad pública no puede sostenerse en policías cuya ineficacia y deshonestidad ha permitido el crecimiento de la delincuencia, debe haber un cambio profundo que sacuda a todas las corporaciones existentes en el País, desde la más pequeña hasta la más grande, separando a todos los elementos que no tengan vocación de servicio ni estén dispuestos a enfrentar los riesgos de combatir frontalmente a la delincuencia.Para lograr este objetivo México requiere más que solamente limpiar sus corporaciones de seguridad pública para hacerlas confiables y eficientes y mejorar sus apoyos materiales y tecnológicos, requiere que los elementos cuenten con salarios dignos y suficientes para dar a su familia un mejor nivel de vida, requieren una preparación permanente acompañada de estudios psicológicos y sociológicos que ayuden a detectar a quienes puedan ser un riesgo para la sociedad. Este debe ser el primer gran paso hacia la seguridad pública.

No es en forma vertical sino horizontal como podrá hacerse algo en materia de seguridad; varios ejemplos de ciudades que fueron violentas y ya no lo son, muestran que la seguridad pública no es una tarea exclusiva del estado y sus cuerpos policiales, debe ir de la mano con la sociedad partiendo de la familia en cuyo seno se fortalezcan los vínculos emocionales, la comunicación y la confianza basados en valores y principios que propicien un actuar responsable de niños y jóvenes que son los que más riesgo corren ante el crecimiento de la criminalidad.

Fortalecer los lazos de familia y recomponer el tejido social son puntos de partida para la implementación de políticas criminológicas exitosas, que deberán acompañarse y respaldarse en la prevención del delito con policías debidamente seleccionados, capacitados, depurados permanentemente, bien pagados y equipados, apoyados en instrumentos tecnológicos ubicados estratégicamente, con análisis de información criminógena que permita detectar la movilidad delincuencial para informar a la sociedad e impedir la victimización.

Para lograr resultados favorables en esta tarea, debemos reconocer que México no cuenta con una política criminológica a nivel nacional que abarque la prevención, la investigación del delito, la administración de justicia y la readaptación social, planeando de manera integral, revisando el pasado, analizando el presente y proyectando hacia el futuro, vivimos al día y sobre eso tomamos decisiones; si un programa no da resultados lo dejamos a un lado e iniciamos otro, perdiendo inversión de horas hombre, recursos económicos y materiales que no son recuperables.

En materia de seguridad pública no existen fórmulas mágicas ni planes de resultados inmediatos, se tiene que trabajar en planes y programas con metas mesurables en el corto, mediano y largo plazo, sin abandonarlos bajo pretexto de no haberse obtenido los resultados en forma inmediata. Debemos dejar a un lado la práctica de acierto-error en las políticas públicas para cambiarla por esquemas concienzudamente elaborados, en los que se establezcan objetivos claros que permitan avanzar, evaluar y mejorar sobre la marcha, pero no abandonar o retroceder.

En esta situación resulta difícil predecir el futuro de México, lo menos que se espera es una reacción inteligente, vigorosa y definida de los diferentes órdenes de gobierno para revertir los efectos de la delincuencia, no solamente con inversión en compra de armas, equipo o patrullas u otra serie de acciones tendientes a valorar la confiabilidad de los elementos de seguridad pública; lo deseable es que el Estado demuestre que tiene un plan integral para combatir las causas exógenas y endógenas que generan la delincuencia, como la falta de oportunidades de empleo bien remunerado, el acceso a la educación, apoyos para el deporte, educación sexual y reproductiva, discriminación, entre otros factores determinantes. Es indispensable que el Estado demuestre tener una política criminológica que genere confianza en que esta situación es pasajera y que en breve habrá resultados satisfactorios para la sociedad.

Las autoridades deben atender fundamentalmente a los factores que faciliten el desarrollo del ser humano así como las causas que determinan a una persona a tomar el camino de la ilicitud. En la actualidad, la frustración, la inconformidad, la baja autoestima y la falta de oportunidades para lograr las metas personales, constituyen elementos que inciden en la violencia y ejecución de conductas antisociales; debe haber programas sociales que los frenen y modifiquen. La seguridad pública debe partir de la prevención en todos sus aspectos, entendida esta no sólo en los campos de control, vigilancia y disuasión, sino más allá, en el cuidado de la conducta de cada persona dotándole de los insumos indispensables para la subsistencia y desarrollo moral, físico e intelectual, solamente así se logrará una prevención adecuada y la consiguiente disminución del delito.

 

Por: Lic. José Luis Urióstegui Salgado

Compartir